Cogías
mi mano y lentamente me arrancabas las pulseras, una por una.
Me dejé llevar y ni siquiera miré lo que hacías.
Me
clavas las uñas entre las venas y sangro. Sin un minuto para
reaccionar, pegas tus labios sobre mi herida, y disfrutas.
Me
agarras la muñeca con ambas manos, tan fuertemente que no soy capaz
de soltarme. Estremezco.
Me
haces daño, desfallezco y pierdo fuerza. Por fín me sueltas pero no
tengo fuerzas para defenderme, me acerco la mano a la cara y observo
como la sangre me baja por el brazo. Te miro y veo sangre , mi sangre
en tu boca. Te relames como si fuera deliciosa y te abalanzas sobre
mis labios. Primero me besas, pero pareces cambiar de opinión y me
muerdes el labio.
Noto
como mi sangre se desprende de mi cuerpo para pasar al tuyo. Dos
gotas de sangre caen sobre mi regazo, mientras tanto tú... Tú
pareces disfrutar del manjar que estrepitosamente te regalo. No puedo
más y me desmayo.
Yo
estaba apoyada sobre el árbol, tú sobre mi.
Cuando me despierto, estoy tumbada en una cama, pero no es la mía. Oigo una voz que me pregunta ¿Cómo te encuentras? Entonces te veo. Te acercas a mi queriendo mimarme pero yo, recuerdo los últimos momentos contigo y grito.
Intento
apartarme de tí pero te subes a la cama y me agarras las manos.
Intento gritar con más fuerza , pero estás tan cerca que no me
salen las palabras ... Te acercas aún más y no puedo moverme, noto
tu fuerte respiración y las ganas que tienes de mí. Acercas tus
labios a mi cuello, entonces, cierro los ojos.