miércoles, 7 de septiembre de 2011

Es raro, no me sorprende...


Cogías mi mano y lentamente me arrancabas las pulseras, una por una. Me dejé llevar y ni siquiera miré lo que hacías.
Me clavas las uñas entre las venas y sangro. Sin un minuto para reaccionar, pegas tus labios sobre mi herida, y disfrutas.
Me agarras la muñeca con ambas manos, tan fuertemente que no soy capaz de soltarme. Estremezco.
Me haces daño, desfallezco y pierdo fuerza. Por fín me sueltas pero no tengo fuerzas para defenderme, me acerco la mano a la cara y observo como la sangre me baja por el brazo. Te miro y veo sangre , mi sangre en tu boca. Te relames como si fuera deliciosa y te abalanzas sobre mis labios. Primero me besas, pero pareces cambiar de opinión y me muerdes el labio.
Noto como mi sangre se desprende de mi cuerpo para pasar al tuyo. Dos gotas de sangre caen sobre mi regazo, mientras tanto tú... Tú pareces disfrutar del manjar que estrepitosamente te regalo. No puedo más y me desmayo.
Yo estaba apoyada sobre el árbol, tú sobre mi.

Cuando me despierto, estoy tumbada en una cama, pero no es la mía. Oigo una voz que me pregunta ¿Cómo te encuentras? Entonces te veo. Te acercas a mi queriendo mimarme pero yo, recuerdo los últimos momentos contigo y grito.
Intento apartarme de tí pero te subes a la cama y me agarras las manos. Intento gritar con más fuerza , pero estás tan cerca que no me salen las palabras ... Te acercas aún más y no puedo moverme, noto tu fuerte respiración y las ganas que tienes de mí. Acercas tus labios a mi cuello, entonces, cierro los ojos.